UK Chapter Twenty three: Lengua inglesa

Hola queridos amigos, bienvenidos a la primavera inglesa, caracterizada por un sol precioso que te invita a hacer vida al aire libre y un frío que te hiela las cejas y te obliga a volverte a la comodidad de tu moqueta acarosa. Deseando que llueva para que haga calor, así de triste es nuestra vida en este país (sobre)desarrollado. Aquí tenemos a dos hombres hechos y derechos viendo Frozen.


Probaré a contar los recientes eventos por orden cronológico.

Como ya contaba en la publicación anterior, trabajo enfrente de una iglesia, así que un día se nos ocurrió ir a husmear en la hora de la comida, nos atrajo este cartel donde see lee: hay calefacción.


Una vez dentro, descubrimos un panel donde encontramos actividades los viernes a la hora de la comida. Así fue como acabé un viernes a las 13h sentada en un banco de la iglesia. Son conciertos de los estudiantes del Royal College of Music de Londres, gente jovencita y muy profesional. Lo disfrutamos bastante, oyendo unas piezas de cello y otras de piano. La señora sentada delante de mí, hacía headbanging clásico.



Ya que estamos relacionando cosas del trabajo, aquí tienen mi escritorio, fuente de orgullo, ya que recibe mucha admiración en la ofi. Algunos lectores reconocerán cosas que me han regalado en algún momento. Soy un poco enferma de diógenes, qué se le va a hacer.



Como ya saben, tengo un plan para irme a China, aunque voy por una corta temporada, debería ir con trabajo desde aquí por temas de visado, así que ando entrenando para ser profe de inglés, con el certificado TEFL. A finales de enero acudí a un curso intensivo, y ahora estoy acabando la parte online.
Ya sé que parece que tiene más sentido enseñar tu propio idioma, pero yo llevo toda la vida aprendiendo inglés y sé perfectamente cómo se enseña, el español es más de ver pelis de Joselito, y me da pereza desentrañar su enseñanza.

El caso es que hice una amistad muy interesante, con una chica de Hong Kong, y estamos quedando los sábados, para ponernos finas de tapas y para intercambiar conversación en chino y español.


A principios de febrero volé a Madrid de visita express a intentar sacarme el carnet de conducir. Como saben, me fastidiaron todo el tinglado cuando tras invertir 3 semanas en Las Palmas en septiembre, me tocó una huelga de examinadores. Así que en condiciones algo adversas de tiempo y de estar familiarizada con otro entorno, al menos intenté las dos oportunidades que tenía antes de que me caducara el día 28. La primera vez fue horrible, me pudo el nerviosismo, y la lié.

La segunda, fui mucho más confiada y conduje bastante bien, aparqué de lujo. Pues nada, el señor examinador no me quiso pasar. Pues que les den, ellos se lo pierden.
Ahora ya puedo decir que pertenezco al selecto grupo de injusticias de tráfico. Pero como trato de ver el lado positivo de las cosas, al menos pasé por la nieve, y visité dos veces Segovia, que bien bonita que es.



 Además el viaje me sirvió para pasar unos días con mis futuros suegros, ¡aprendí a hacer paella!, y para reencontrarme con amigos que hacía casi dos años que no nos veíamos.



Febrero también marcó un hito importante: un año sin comer alimentos basados en gluten, tras detectarme una intolerancia al trigo, la cebada, malta, y sucedáneos. Cada vez estoy más acostumbrada, pero aún tengo algunos problemas cuando como por fuera, en muchos sitios es complicado que elaboren algo mezclado con pan, o trigo, o se ponen bordes cuando les pides un poco de información sobre los ingredientes. Pero evito volver a esos sitios y punto.




Otros sitios son muy majos y sí que tienen una alternativa con harinas de arroz, entre otros. Aquí me tienen zampándome una súper crepe de pato asado, con mi buena amiga Rongrong, eso sí, tras ingerir ese pedazo de plato, pasé 7 horas sin comer luego de lo llena que estaba, un récord para mí.

Con esto creo que ya cubro las andanzas de estos dos meses anteriores. Ah, una vez al mes salimos a comer los de la oficina para celebrar el día de paga. La tradición es que cada vez elige el sitio uno de nosotros. La semana pasada tocó ir al Sticky fingers, restaurante de un antiguo bajista de los Rolling. lo pongo como curiosidad, pero la verdad es que tampoco me pareció gran cosa, americanada al estilo cadenas de costillas y hamburguesas...




Comentarios

Jen ha dicho que…
Sí me suena algo de ese escritorio sí :)

Por cierto, ahora vivo en Londres.

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